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¿Por Qué Nada Me Llena? El Testimonio Real de Una Mujer que Encontró a Jesús y Sanó su Vacío Interior

  • Foto del escritor: Dominique Lattimore
    Dominique Lattimore
  • 8 jul 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 9 ago 2025

Todos pasamos por finales. Pero hay uno en particular que marca un antes y un después: ese momento en que todo falla… y aparece Dios. Yo también viví con sed, con vacíos disfrazados de éxito, amores, belleza y aplausos. Pero nada de eso bastaba. Hasta que lo conocí a Él.


Hay etapas en la vida donde todo parece estar en orden desde afuera, pero por dentro… hay un vacío imposible de ignorar. Lo intentas todo: el trabajo, los logros, las relaciones, las apariencias. Pero cuando se apaga la música y se acaba la rutina, la sed interior sigue ahí.

Ese fue mi caso por muchos años. Como muchas mujeres, perseguía el éxito, la belleza, las amistades, el amor. Y sí, lo lograba. Pero una vez alcanzado, la sensación de plenitud nunca duraba. Siempre volvía al mismo punto: con sed. Una sed que ningún logro podía apagar.

Pero hubo un momento en que todo cambió. Ese fue el día que Jesús me encontró en mi pozo.


El final que Dios permite para un nuevo comienzo

La vida está llena de comienzos y finales. Pero hay finales que Dios permite para abrir paso a algo eterno: un encuentro con Él. Ese punto de quiebre en el alma donde entendemos que todo lo demás no es suficiente.

Así estaba yo: rota, vacía, buscando sin saber qué exactamente. Fue allí donde Jesús me esperó. Y sí, digo “esperó”, porque Él ya sabía que llegaría ese día.


Una mujer como tú y como yo: la samaritana

La Biblia relata una historia que me marcó profundamente: la mujer samaritana en Juan 4. Ella vivía con vergüenza, exclusión, vacío. Buscaba agua al mediodía, sola, porque su pasado la alejaba de las demás mujeres en su contexto social. Pero ese día, Jesús la esperó junto al pozo. No para juzgarla, sino para ofrecerle Su agua viva. Una nueva vida que solo Él podía darle.

“Cualquiera que beba de esta agua pronto volverá a tener sed, pero todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás…” Juan 4:13-14

Jesús no solo conocía su historia... conocía su alma. Tocó su herida más profunda, no para exponerla, sino para sanarla.

Y así también lo hizo conmigo.



El pozo donde me encontró

Años atrás, mi vida era una imagen exitosa: televisión, belleza, eventos, redes sociales. Pero detrás de todo eso, me sentía avergonzada. Me afectaban los comentarios sexistas, los juicios, los fracasos amorosos, los rechazos. Nada me hacía sentir suficiente.

Vivía atrapada entre la apariencia y la insatisfacción. Hasta que Jesús me encontró en mi pozo. Me mostró mi necesidad, me quitó la vergüenza, y en vez de rechazo, me dio aceptación. No me juzgó: me restauró.


“Entonces Jesús le dijo: —¡Yo soy el Mesías!” Juan 4:26


Dejé mi cántaro

Así como la samaritana dejó su cántaro y corrió a contar lo que Jesús había hecho, yo también decidí dejar todo lo que me daba identidad temporal. De mujer rota, a mujer restaurada. De vacío, a plenitud. Jesús transformó mi historia, y hoy sé que no hay pasado tan oscuro que Él no pueda redimir.


“La mujer dejó su cántaro junto al pozo y volvió corriendo a la aldea mientras les decía a todos: ‘¡Vengan a ver a un hombre que me dijo todo lo que he hecho en mi vida!’…”

Juan 4:28-29


Un nuevo comienzo es posible

Querida amiga, si sientes que nada te llena, no estás sola. Ese vacío no es un error, es una señal de que fuiste hecha para algo más profundo. Ese "algo" tiene nombre: Jesús.

Él no te pide perfección, te pide el corazón. Aun con tu historia, tu dolor y tus errores, Él te elige. Lo hizo conmigo. Puede hacerlo contigo.


“Él nos eligió de antemano y hace que todas las cosas resulten de acuerdo con su plan”.

Efesios 1:11


Reflexión final

Hoy te invito a dejar tu cántaro: esa fuente rota donde has intentado saciar tu sed. Deja todo en manos de Jesús y permítele revelarse en tu vida. No importa cuán profunda sea la herida, Él te puede hacer nueva.

Dios te ve. Te conoce. Te ama. Y si estás leyendo esto… quizás hoy sea el día en que Jesús te encuentre en tu pozo.


Me encantaría saber qué te ha tocado de esta historia. ¿Te has sentido alguna vez con ese vacío que nada llena?


Déjame tu experiencia o tus pensamientos aquí abajo, quiero acompañarte y aprender juntas. ¡Hablemos!

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